¿Y si compartimos una locura más, en forma de relato?

       A veces como autora, me preguntan; ¿con cuál de tus personajes te quedas? ¿Cuál es tu favorito? Es algo complicado, muy complicado, porque todos de una manera u otra forman parte de mí. Es como si existieran realmente más allá de los libros. Es cierto que algunos son más especiales que otros, quizá por el tiempo que he estado con ellos, por la repentina conexión que he podido sentir sin esperarlo. Por la manera que me han arrastrado a su terreno aun y en teoría teniendo que ser yo la que llevara las riendas. Pero todos tienen esa magia que han hecho que me enganchara a sus historias, que yo quisiera acompañarlos en cada capítulo, con un principio y final.

También yo misma me he preguntado infinidad de veces, últimamente más, ¿cómo sería verlos a todos juntos? Una vez sus historias han finalizado, ¿cómo describiría lo que siento si los viera en una misma escena unidos? Esta reflexión me ha llevado hasta aquí y he querido ponerme a prueba, hacer una pequeña locura desde mi visión. Una experiencia diferente, que me ha hecho recordar el por qué cada uno de ellos son únicos para mí.

Empezaron a existir a raíz de una canción, una escena, un tonto pensamiento, no sé, pero llegaron a mí y fueron ellos quienes se colaron en mi cabeza, consiguiendo que como si me narraran sus historias, hicieran posible que todo fluyera. Mis ideas pasaron a un segundo plano y vi a través de sus ojos lo que fue sucediendo, sin controlar muchas situaciones en las que yo como autora también reí, lloré, sufrí… Los odié y amé.

Y ahora, si cierro los ojos y los visualizo a todos, ¿cómo los veo? ¿Por qué no continuar con esta locura en la que una vez me embarqué gracias a ellos?

Para mí hubiera sido increíble que fueran reales, aunque estoy segura que en alguna parte del mundo habrá un Matt, una Gisele… existirán Aisha, Iván. Scott, Roxanne, Leo y Eva, en otros cuerpos, igual con otros nombres o no, pero con algo en común que ha conseguido que muchos lectores se hayan podido sentir identificados al leerlos.

Suelo decirle a mi chico que mis personajes son parte de mí, que siempre tendrán un hueco en mi corazón y que en cierta manera vivimos con ellos, que están presentes. Que mi casa está llena de aquellos que creé una vez y que aunque no los veo, viven dentro de mí.

Locura

Insisto.

¿Y si cierro los ojos y me encuentros con ellos?

¿Qué veo?

¿Qué siento y recuerdo?

He querido preparar este relato en agradecimiento por todo lo que he recibido de cada uno de vosotros. Espero que os guste. Gracias una vez más por estar aquí.

*Si no habéis leído La chica de servicio, Culpable, No juegues conmigo o No me prives de tu piel, cuidado, hay spoilers.

Es una mañana cualquiera, acabo de llevar a los niños al colegio y mi marido está trabajando. Lo que suelo hacer cuando llego a casa y me encuentro con esta necesaria soledad, es ponerme a escribir. Ando ilusionada con los nuevos personajes que pronto verán a la luz, pero me apetece hacer un balance, reflexionar sobre lo que he conseguido. Pensar en los que ya han cerrado sus historias y me han regalado tantas satisfacciones.  

Me tumbo en el sofá, cierro los ojos e imagino, empiezo a visualizar como algo real mi primer encuentro con ellos. Me sumerjo en ese sueño que nunca podré cumplir, pero dicen que de estos… se viven. Y no hay nada más bonito que vivir soñando…

Madre mía, no puedo creérmelo. Me veo muy nerviosa preparándome para este día tan especial. No puedo evitar temblar, encerrada en el baño, apoyada contra la pared sin saber qué va a pasar. He preparado una cena, creo que es la mejor forma de romper el hielo. Sé que ninguno me fallará y lo que siento al pensarlo es sumamente tan grande, que sería imposible de poder explicar.

Unos golpes en la puerta me hacen dar un respingo y es mi marido quien asoma la cabeza.

—Ya están aquí —me avisa, con una sonrisa.

—Ya salgo…

Intento sonreírle, pero no sé si lo consigo. Los nervios me hacen su prisionera. Es una sensación extraña, emocionante, intensa. Dudo de poder ser capaz de aguantar el tirón al verlos. Empiezo a asumir que me vendré abajo en cuanto esto suceda. Realmente es algo muy soñado por mí, en más de una ocasión he fantaseado con ello. Ya durante mucho tiempo los fui viendo mientras escribía sus historias y me susurraban en voz tan baja que ni yo era consciente de que se me habían ido de las manos.

Tomo aire, me siento valiente e impaciente por verlos. Al salir del baño lo primero que me encuentro si voy en dirección hacia el salón, son las habitaciones de mis pequeños. De frente me topo con mi princesa, actuando como toda una anfitriona a pesar de su timidez, que le enseña sus juguetes a otras chicas… Enseguida el corazón se me pone a mil al entender que son las gemelas de Matt y Gisele, una más inquieta que la otra. Una es muy Campbell según su carácter, la otra diría que más Stone. Con ellas está la pequeña curiosa y fantasiosa de Leo y Eva, que permanece callada oyendo con atención. 

Ninguna me ven, yo a ellas solo de espaldas, pero las conozco tan bien que no puedo evitar emocionarme, empezar a marearme. Son el fruto de amores que lucharon mucho por alcanzar la estabilidad. La felicidad. Es inevitable que me conmueva la escena, son incontrolables las ganas que me entran de llorar, de abrazarlas. Pero tampoco quiero ser una intrusa…    

Intentando controlar el nudo que tengo en la garganta, me asomo al cuarto donde intuyo están los chicos. Mi príncipe le explica algo a otro que con solo verlo de perfil, sé que es el primogénito de mi adorado bipolar. El corazón se me desboca, los ojos empiezan a llenarse de unas felices lágrimas que intento que no escapen. No tiene el carácter de Matt, es un niño muy vivo, nada solitario… Entiendo que lo adoro incluso más que cuando reflejé su nacimiento frente a los miedos de su padre porque todo saliera bien… ¿Cómo ha pasado tanto tiempo? 

Es precioso, es innegable que es un Campbell.

Buf, cuántas emociones. Tengo un pellizco en el estómago que me ahoga. Ahora me creo menos preparada aun para encontrarme con la razón de que yo hoy pueda expresar esto. Y en vez de ir hacia el salón, entro en mi habitación, yendo al balcón que enlaza mi habitación con el salón. Es decir, a través de él, puedo ahorrarme el camino por el pasillo sin entrar por la puerta principal de la sala.

Suspiro buscando el modo de relajarme, solo un cristal me separará de ellos, pero de esta manera podré espiarlos un poco desde lejos. Acostumbrarme a estar cerca de esos especiales rostros que significan tanto para mí.  

De pronto siento un mareo, la visión se me nubla. Hago un rápido recorrido por todos ellos, dejando que las emociones fluyan y las lágrimas corran sin poder hacer nada para remediarlo. Tampoco lo pretendo. Matt y Scott hablan entre ellos. Como Gisele con el pequeño de la familia en brazos lo hace con Eva. Leo e Iván ríen como si se conocieran de siempre. Más lejos está Roxanne acariciándose la enorme tripa, con Aisha contagiándose de esa ilusión que desea para ella.  

Pero esto no es lo que quiero realmente. Lo que necesito es verlos uno por uno, observarlos, saber qué me siguen haciendo sentir. Aunque me desplome por el nudo tan fuerte y profundo que me ata a ellos. 

Mi mirada sin alguna duda a quien busca con desesperación primeramente es a Matt Campbell. Él, mi bipolar y el de muchas. Mi orgullo. Todavía sin ver de frente esos ojos verdes puedo percibir la felicidad que desprenden. Sus movimientos son cómodos, nada queda de sus músculos tensos, de la soledad en la que se refugiaba aun rodeado de gente. El corazón se me hincha de amor ante el hombre que tanto me hizo experimentar. Recuerdo la ternura que sentí desde el primer momento por él, también odié su actitud frente a Gisele, pero al igual que ella, algo me decía que aquello era todo una coraza.

No nos equivocamos.

Por mi mente pasa como si lo estuviera viviendo el día que él y Gisele se dieron el «sí quiero». Sus nervios fueron los míos. Como él me desesperé con la indecisión de su descarada, con su inmadurez. Me pregunté una y mil veces por qué cuando ya él la tenía, no confió en ella… Lloré escribiendo cómo la perdía, entendiendo que todo había superado a Gisele, odiándola al mismo tiempo por dejarlo cuando Matt más la necesitaba. Ellos me hicieron sentir tanto que es imposible que hoy no me tiemblen las manos y se me altere el pulso cuando rememoro sus vivencias a mi lado. Fueron muchos meses, días, noches y madrugadas las que compartimos. Si de verdad pudieran sentir cuánto significan para mí, el valor que tienen en mi vida… Ellos nunca podrán saberlo, pero me es suficiente con que vosotros sí.

La vista se me pierde en Gisele que intenta servirse un vaso de refresco mientras el pequeño se le agita en los brazos y Matt, actuando con esa protección que siempre tendrá para ella, le pide un momento a su cuñado, corriendo para ayudarla.  

—Dámelo —le pide él, cogiendo al bebé, con una adoración extrema mientras le cede un sorbo del que es su vaso a su mujer—. Estás preciosa, nena.

—Para ti, siempre —susurra ella y le da un suave beso. Al que él corresponde seguidamente dejando otro en su sien—. Recuerda, más siempre más.

—Satisfecho siempre, saciado nunca.

Es ahí cuando mi llanto trona con más fuerza al evidenciar el amor que se tienen. La forma en la que se clavan la mirada prometiéndose todo aquello que sé que cumplirán, como hasta ahora. No sé si lo habré dicho más veces, pero son mi gran orgullo. Presumo del poder de superación de Matt Campbell, el mismo que hizo que yo terminara rendida a sus pies por siempre. Y es así como me siento con respecto a ellos. Realizada tras haber podido plasmar aquel final, sabiendo que él afrontaba su enfermedad pese a todos sus miedos. Que Gisele no volvería a soltar su mano en ese duro proceso. Son mi gran satisfacción.

Intento no invadir su intimidad, aunque me cuesta abandonarlos momentáneamente sin dejar de suspirar y fijo la mirada en Aisha. Qué decir de ella mientras me limpio las lágrimas. Desde principio a fin admiré su fortaleza. También me impacienté al ver que no aceptaba que lo suyo con Jesús no era amor. Que podía tenerlo todo con ese hombre que llegaba a su vida para darle lo mejor y lo rechazaba…

Sin querer mis ojos vuelan a él, captando como no quita los suyos de ella, regalándose entre ambos miradas cómplices y silenciosas, que admiro con el alma.  

Con Iván Lago nunca tuve «peros», él aterrizó para rescatar a una mujer prisionera de sus creencias, de las manipulaciones psicológicas de otros hacia ella, aun en el siglo en el que estamos. Narraba deseando y lo sigo anhelando, que todas esas mujeres que viven lo que ella sufrió tomaran el mismo camino, eligiendo otro, el suyo. Con un Iván en su vida o sin él. Culpable para mí fue duro en ocasiones, también real… con el que quise dar un mensaje.

Por ello fui feliz al ver a Aisha correr hacia el hombre perfecto para ella. El que la complementaría en todos los sentidos. Ellos son el reflejo de lo que quisiera ver en el mundo con mujeres que como Aisha, viven para servir al egoísmo y machismo. No, Iván demostró que hay hombres y que son muchos, los que se desviven para tratarnos como princesas, valorarnos. Me enseñó qué era luchar, no decaer. Arriesgarse por lo que quería… Dios, y aquí lo tengo, con su coleta, con sus tatuajes. Simple. Él. Distinto, impresionante a su vez por ello.

Sonrío con melancolía al presenciar como finalmente Aisha le señala los tacones que un día significó la rendición de ambos. Y él resopla quizá controlando lo mucho que le quiere decir.

—Lo hablaremos en casa —le advierte, burlón—. Tenemos un asunto pendiente.

—Que no va a tardar en concluir —le asegura ella, con la mano en el vientre de la menor de los Campbell—. Estoy un poco mareada…

Iván enseguida acude a su ayuda, dándole la libertad a Leo para estar junto a Eva. Pero mis ojos continúan prendidos con emoción en los cuidados de Iván, en la incertidumbre de su rostro por si la pregunta interior que se hace será positiva… Yo, completamente hechizada y conmovida, auguro que sí, que un nuevo miembro viene en camino para invadir la casa que han construido, sobre todo con confianza e igualdad. Sus sueños van a terminar por hacerse realidad… Removiéndome por dentro al recordar cada una de las sensaciones que sentí gracias a ellos. Quedándome con las ganas de ver ese «más», de ambos juntos. Quién sabe, quizá algún día nos lo cuenten…  

Justo ante ese pensamiento no puedo evitar desviarme. Ver qué hacen esas dos cabezas juntas y rubias que están a punto de ver la carita de su pequeña. Scott Stone y Roxanne Campbell. Se cuchichean tan bajito que no puedo oírlos, pero me hipnotiza ver lo felices que son. Que pese a parecerme imposible, aquí están. Dejaron el orgullo que tanto les perseguía… sobre todo Roxanne y tienen lo que anhelé para ellos desde que disfrazaban lo que sentían con indiferencia, cuando el resto nos preguntábamos, ¿qué hay entre esos dos? Los mismos que hoy adoro con el alma. Sí. Recuerdo que no siempre fue así, que yo también odié por mucho tiempo a esa niña caprichosa que no supo valorar al musculitos. Él… corazón puro. Manipulable en ocasiones, siempre fiel a los Campbell.  

¿Cómo explicar la conexión que tuvimos en Quédate? Fue lo que me impulsó a terminar su historia en No juegues conmigo. Mi gran aliado durante algún tiempo en La chica de servicio. La discreción en persona. Yo muchas veces también pensé que no merecía a Roxanne, sin embargo, al tener la oportunidad de ver a través de sus claros y hasta entonces fríos ojos, empaticé con ella como nunca. Fue un privilegio conocer en profundidad el pasado que tan escondido mantenían.

Admito que todo lo que sufrió Roxanne fue porque en cierta parte, se lo buscó. Pero después de tanto tiempo, de una relación fracasada, de citas a escondidas llenas de amor, de pasión y de odio, no concebía otro final que no fuera ese: La Barbie con el Musculitos. Tenía que ser así, no hubiera superado otra elección de Scott. Entre ellos existía algo evidente que merecía desarrollarse y florecer.

—¿Crees que nacerá hoy? —le pregunta ella a Scott, con evidente temor—. Está muy inquieta.

—Sería un día especial —dice él con complicidad—. El día que la conoceremos a «ella».

Al saber que se refiere a mí pongo la mano en el cristal como si pudiera tocarlos. Las lágrimas se escurren entre mis labios curvados que desprenden solo felicidad. Con cada segundo que transcurre menos nerviosa me siento, pero sí más emocionada y abrumada. Enamorada, fascinada. No quiero despertar de este sueño, admito cuánto los necesito. No se imaginan el giro que han dado a mi vida. Lo que daría por poder llamarlos y saber de ellos diariamente. Por visitarlos. Porque fueran tan reales como yo ahora los estoy viendo.

—Nunca me cansaré de decírtelo. —Giro la cabeza ante la curiosidad que despierta en mí esa voz tan conocida y susurrante. Son ellos… ELLOS. Leo acuna la cara de Eva y añade—: No me prives de tu piel.

—Ni yo me cansaré de entregártela —le corresponde ella, fundiéndose en un beso.

Es a mí también a quien le falta el aliento en ese instante tan maravilloso. Embobándome con el perfil que tengo de ellos, conquistada por la marca de una cicatriz de la que ya casi no queda nada, pero que durante mucho tiempo supuso la inseguridad de mi chico de ojos oscuros y chaquetas de cuero. No tengo palabras para explicar lo especiales que ellos son para mí. Cómo conseguí conectar a través de la oscuridad con Leo, deseando que acogiera a Eva como lo hizo. Mi amor por él fue creciendo de una forma diferente, sin saberlo con certeza hasta que llegó el punto de inflexión. Frente a su desolación, impacto, su amor.

Ahí me sucedió como a Leo, me costó respirar. Odié a Eva por su error, lo entendí al querer buscarla en lugares donde no debía… ni ella estaba. Confieso que quizá lo perdoné con más facilidad y le guardé menos rencor del que debía porque entendí que en sus visiones, era a Eva a quién veía.

Me hicieron sentir dolor, desesperación. Tristeza. También conocer lo que es la superación. Eva no lo tuvo fácil, también estaba marcada y aunque lloré por sus deseos de venganza y me decepcionó por el rumbo que tomó, supo hacerme valorarla sin volver a juzgarla al guiarme a través de sus sentimientos y pensamientos, demostrándome lo frágil que era. Mi chica herida. Me transmitió sus miedos y tuve que adorarla como no dejé de hacerlo con él. Esos recuerdos hoy quedan atrás al ver lo que han conseguido. Ellos han sido para mí algo tan complicado y a la vez tan grande, que no sé ni cómo explicarlo.

En un momento dado me doy cuenta de que alguien me está observando fijamente y buscando entre temblores, me encuentro por primera vez de frente con aquellos ojos verdes que describí la primera vez con tanta profundidad. Él señala hacia allí y todos fijan sus miradas en un mismo punto. Yo… Patricia.

Mi sonrisa se amplia y mi pecho se hincha más de amor si cabe. El corazón ya no me puede ir más deprisa. Ni me puedo sentir más débil. La conexión con ellos aumenta y contemplando el equipo que hacen, les lanzo un beso a cada uno de ellos a través del empañado cristal… Sin voz, susurro cuánto les quiero. Les doy las gracias por permitirme entrar en sus vidas. Percibiendo la emoción que también les embarga por esto que estamos compartiendo.

Casi no puedo sostenerme cuando veo a mi chico que viene para abrirme la puerta y que por fin pueda tocar a esos personajes… que hoy me han vuelto a confirmar por qué son tan especiales para mí. Unos pasos me separan de esas sonrisas sinceras y esas manos abiertas esperando mi llegada para fundirnos en un abrazo…

Locura 1

Un ruido de fondo me obliga a abrir los ojos. Doy un salto y miro mi móvil, es mi alarma. Es la hora de recoger a los peques del cole y sí, estoy en mi salón, pero sola. Ellos han desaparecido. Mis libros y los objetos que reflejan algo de ellos están en el estante, recordándome que Matt, Gisele, Iván, Aisha, Scott, Roxanne, Eva y Leo no son reales… pero que están aquí. Y que yo simplemente con haber podido visualizarlos mientras escribía estas palabras, me siento plena. Feliz.

Porque sí, habitan y tienen vida propia dentro de mí y con esto, me es suficiente. Sabiendo que viajan a otras casas en las que son recibidos con el mismo cariño, las vuestras. Gracias por hacerlo, por quererlos y apreciarlos, por acompañarme en mis locuras, en esta que acabáis de leer y que escribí pensando en vosotros.

Espero que os haya gustado. Se os quiere ❤

Patricia Geller

 

 

 

 

 

 

8 comentarios en “        ¿Y si compartimos una locura más, en forma de relato?”

  1. Precioso !!!!
    ME QUITO EL SOMBRERO ANTE TI !
    Mi querida Patricia ha sido marvilloso , solo puedo darte las gracias por crear tales historias , por darles vida a estos personajes !! PORQUE NO PUEDEN ESTAR MÁS VIVOS … hermoso relato y que manera de reflejar ese momento tan esperado, se me han puesto los pelos de punta y he soltado alguna que otra lagrimilla jajaja

    Sigue escribiendo estas maravillas .

    Le gusta a 1 persona

  2. Qué maravilla! Bravo!. Me ha encantado Patricia, como siempre. Gracias a ti por regalarnos estos maravillosos personajes, nunca dejes de hacerlo. Esperamos con ansias tus próximos libros. Solo decirte, que eres maravillosa escribiendo, y pedirte que no tardes en regalarnos una nueva historia. Gracias por este precioso relato. Un besazo!

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  3. —> “Con Iván Lago nunca tuve «peros», él aterrizó para rescatar a una mujer prisionera de sus creencias, de las manipulaciones psicológicas de otros hacia ella, aun en el siglo en el que estamos. Narraba deseando y lo sigo anhelando, que todas esas mujeres que viven lo que ella sufrió tomaran el mismo camino, eligiendo otro, el suyo. Con un Iván en su vida o sin él. Culpable para mí fue duro en ocasiones, también real… con el que quise dar un mensaje” (Yo me sentí en la piel de Aisha) Leer esto Patri son muchos sentimientos encontrados!! Y como lo dijiste, todos ellos dejaron una marca en nuestras vidas, y viven todos en nuestros corazones!!! Orgullosa de vos nena una y mil veces!!!!

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  4. Aisss Patri, me has hecho llorar un montón. ¡¡Me ha encantado!! Amé esta parte: “Mi mirada sin alguna duda a quien busca con desesperación primeramente es a Matt Campbell. Él, mi bipolar y el de muchas. Mi orgullo. Todavía sin ver de frente esos ojos verdes puedo percibir la felicidad que desprenden. Sus movimientos son cómodos, nada queda de sus músculos tensos, de la soledad en la que se refugiaba aun rodeado de gente. El corazón se me hincha de amor ante el hombre que tanto me hizo experimentar. Recuerdo la ternura que sentí desde el primer momento por él, también odié su actitud frente a Gisele, pero al igual que ella, algo me decía que aquello era todo una coraza. ” Creo que Matt siempre será mi PRIMER Y ÚNICO BIPOLAR. Es un personajeque me llega al alma. Me encanta, en serio. Felicidades mi Patri, por todo lo que has logrado hasta ahora. ¡ERES UN CRACK! Te quieroooo!!! No lo había visto antesss. Me ha encantado.

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